Cuatro bahienses estaban muy lejos cuando el agua tapó a Bahía Blanca. ¿Qué les pasó ese 7 de marzo? ¿Qué sintieron? ¿Qué los angustió a la distancia, con su familia tan lejos y en un momento tan difícil?
El periodista Mauro Decker Díaz vive en el sur de Italia.
-A las 11 de Italia y a las 7 de la Argentina (del viernes trágico) me avisó un amigo de Mar del Plata porque vio fotos.
Lo primero que hizo fue mandar un mensaje al grupo familiar de WhatsApp: “Lo agarré a mi hermano sacando agua pero estaba bien y nos advirtió que tenía poca batería y que estaba sin luz. Mi hermana y mi cuñada por suerte viven en primer piso”.
-Me asusté cuando algunos amigos no me respondían y cuando veía que los videos eran uno peor que otro.
Virginia Senesi vive en New Jersey (Estados Unidos). Estudia y trabaja en marketing.
-Mi hermano me despertó a las 5 de la mañana de acá. Cuando vi que insistía me di cuenta de que algo malo pasaba. Le contesté. Me dijo que Bahía se estaba inundando y que se podían quedar sin conexión pero que estaban bien. Me desesperé cuando puse la tele y vi lo que pasaba.
Un rato después su hermano le contó que estaba entrando agua a su casa de Villa Mitre: “Escuchar llorar a tu madre te mata. Mi mamá tiene diabetes, presión… mi hermano tenía que hacer todo solo. Y además uno no sabe si le cuentan todo como para que no nos preocupemos”.
A las 20 de la Argentina volvió a saber de ellos. A las 22, de nuevo: “Habían sacado el agua, estaban bien e iban a comer”.
-Les conté a amigos de EEUU y no lo podían creer. Mirábamos redes, donábamos plata… Fue una locura. Duele ver que hay lugares de tu ciudad que no existen más.
La psicóloga Yanina Prado vive en Carhué. A las 7 del viernes sonó el despertador.
-Miré el Instagram. Las fotos de mi Bahía inundada me despabilaron… me angustiaron.
Su mamá vive en el piso 11 pero igual la llamó: “Dormía”.
-Mi hermano me mandó videos.
Dice que se sintió sola en Carhué: “No me preguntaron nada en mi trabajo… y eso que saben que soy de Bahía. Angustia, dolor, desesperación… miraban el horror y comentaban con una frialdad que me mataba”.
-Fueron días difíciles. Cada imagen era para mí un lugar caminado, amado, soñado, recordado… duelen los lugares, duele el Penna, la calle Fitz Roy, mi consultorio de calle Amundsen, el Parque Boronat, el Paseo de las Esculturas…
Calmó el dolor con la solidaridad que podía brindar a 227 kilómetros: “Me la pasé subiendo historias y estados que pudieran ayudar. Atenta a quién las veía, aliviada, era la confirmación de que estaban bien”.
-Ah… también le contesté a periodistas y a algunos del gobierno nacional. Siempre agradecida con Axel (Kicillof) y Fede (Susbielles) que están poniendo alma, corazón y cuerpo a esta nueva catástrofe que se vive en mi amada (y a veces odiada) Bahía.
El escritor bahiense Ignacio Molina vive en CABA. En su blog escribió:
“Es feo imaginar ambientes averiados por más de un metro de agua embarrada que vino a eliminar definitivamente cualquier vestigio que pudiera haber quedado de olor-a-casa-de-abuela: esa mezcla de aroma a arroz con leche y canela, a scones apenas salidos del horno, a té con tostadas a las cinco de la tarde, a las baldosas anaranjadas del patio frías en invierno y soleadas en verano, al fieltro verde que cubría la mesa donde jugaba a la canasta con sus amigas, a los diarios viejos que juntaba en un guardacosas del patio, al suelo de parquet y a los platitos, objetos y candelabros centenarios que adornaban el living, a las bolitas de naftalina de los placares, al sonido constante del televisor en blanco y negro y al ruido de la máquina de coser. El aroma y el clima del departamento B de Lamadrid 18”.