Dos veces sentaron a Dios en el banquillo de los acusados (descartamos los 2 juicios a Jesús, el del Sanedrín y el de Pilatos).
Y los 2 juicios fueron ridículos.
El primero fue el 17 de febrero de 1918 y lo llevó a cabo la incipiente Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).
Resulta que un tipo llamado Anatoli Lunacharski, que ocupaba el puesto de Primer Comisario del Pueblo Para la Instrucción Cívica, entendía que había que terminar con todo aquello que tan arraigado estaba en el pueblo ruso: la religión.
A Anatoli se le ocurrió que juzgar a Dios por crímenes contra la Humanidad era la mejor manera de aniquilar la religión: su gran objetivo como ateo militante, según se definía.
La estrategia de este ucraniano y sus amigos bolches también incluía confiscar los bienes eclesiásticos, destruir monasterios y organizar procesiones simbólicas en las que se ridiculizaba a dioses y profetas y a decapitar y quemar efigies del Papa.
Quién era Lunacharski: un intelectual. Había estudiado en la Universidad de Zurich y a la vuelta a Rusia se había enrolado en el Partido Obrero Social Demócrata, que obviamente iba contra los zares.
En el tiempo que estuvo en cana, Anatoli leyó La Biblia. Le iba a servir. Precisamente fue la base para argumentar que Dios era culpable de varias masacres contra la Humanidad: el Diluvio, las Plagas de Egipto, etc, etc… Y algunas que quedaban por fuera de los relatos bíblicos como Las Cruzadas.
Anatoli entendía que Dios era culpable. Fue así que tras 5 horas de juicio llegó el veredicto: Dios es culpable de genocidio y se lo someterá a la pena de muerte.
Pero ¿cómo matar a Dios?
En una plaza de Moscú llena de nieve, un pelotón vestido con trajes militares levantó sus ametralladoras al cielo y disparó. Listo: Dios fue fusilado para cumplir con la sentencia.
Si… es cierto.
Por abandono
En 1960 Betty Penrose estaba en su casa de Phoenix (Estados Unidos) cuando un rayo le prendió fuego la casa. Se quedó en la calle.
Betty necesitaba encontrar un culpable. Y fue en su trabajo que halló la solución. Era secretaria de un estudio de abogados y uno de sus jefes, Rusell Tansie, le dijo “te voy a ayudar”: demandó a Dios por 100.000 dólares bajo el cargo de “negligencia al operar el Universo”.

El problema es que Dios no tenía domicilio ni bienes a su nombre.
Pero Rusell no se quedó quieto. Encontró a un cantante hippie, Louis Gottlieb. Parece que Louis cansado de que el Estado lo persiguiera con deudas puso todos sus bienes en California a nombre de Dios. Fue así que Rusell tenía los elementos necesarios para activar la demanda: Dios ya tenía domicilio y bienes a su nombre.
La causa comenzó. En 1969 Betty y Rusell ganaron porque Dios no se presentó al juicio… claro que nunca vieron un mango. Sólo la (ridícula) satisfacción de haberle ganado un juicio a Dios.
(Bonus track) Lo más serio de estos juzgamientos a Dios está en una película: El juicio de Dios. Son judíos que encerrados en las barracas nazis durante el Holocausto se cuestionan si siguen siendo el pueblo elegido ante tanto sufrimiento. Da para verla.
