-Cuami y Kofi: mamá llega –fue lo último que dijo María de Cartagena.
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Cazada en su Angola, María de Cartagena llegó a este lado del mundo en 1681 por 150 pesos. Eso fue lo que pagó Antonio Maldonado de Mendoza, un traficante de todo lo que se podía, principalmente esclavos.
Enegola María –el nombre original de la esclava- iba a tener una vida muy distinta a la que tenía en África en donde fue princesa de una región angoleña. En Colombia iba a compartir y soportar la extrema crueldad con otros 46 esclavos en la casa de los Maldonado.
Enseguida le dieron el cuidado de los hijos de don Antonio. Unos pibes bravos:
-Diego, de 24 años, creía verdaderamente que era un derecho someter sexualmente a las esclavas. Y se divertía con una competencia: apostaba con sus amigos por el esclavo que más latigazos soportaba. “Son sólo ganado que habla”, decía.
-Rodrigo (19) quebraba emocionalmente a las esclavas madres vendiéndoles los hijos a otras familias. “Las negras deben aprender que no tienen derecho a amar”.
-Bernardo (16) obligaba a los esclavos a pelearse hasta que uno moría.
María aún no conocía el verdadero dolor.
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Nunca supo quién era el padre de Cuami y Kofi, los mellizos que nacieron tras los innumerables abusos de los Maldonado.
Cuami y Kofi fueron más que hijos para María: fueron su derecho a ser humana.
El 23 de agosto de 1689 María servía el desayuno. Cuami y Kofi aprendían a caminar y se acercaron hasta la mesa en donde los Maldonado comían y discutían los valores de los esclavos que acababan de llegar de África.

Una fruta cayó de la mesa. Uno de los nenes la agarró. El tiempo se detuvo en Cartagena, quizás en toda Colombia. Acababa de nacer la leyenda de la esclava que sería la inspiración para miles de negros que fueron por su libertad.
-Maldito negro ladrón. A estos animales hay que enseñarles desde chicos quién es el que manda –le dijo uno de los Maldonado al chico de 2 años. Lo pateó en el estómago. La cabeza del nene pegó contra una columna de piedra.
Del otro nene, se encargó el segundo hijo de don Maldonado: “¿Tu también quieres aprender negro de mierda?”.
En silencio, María quiso ver cómo estaban sus hijos. Recibió una patada y una frase:
-Y para vos también hay. Deberías agradecernos por enseñarles a tus crías.
Don Antonio fue a ver qué eran tantos gritos.
-No puedo cerrar los precios de los esclavos ni negociar con ese ruido.
-Los cachorros de esta negra nos quisieron robar comida –le respondieron los hijos.
-Bien hecho porque si no creen que tienen derechos. Y tu (a María) limpiá todo este desorden. Y si tus hijos no sirven más los vendo para alimento de cerdo.
Cuami y Kofi murieron. Llenos de sangre y agarrados de la mano de María.
Mientras los enterraba en el patio, María juró: “Cada gota de sangre de mis hijos será pagada con ríos de sangre de sus asesinos. Yo ya estoy muerta”.
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El cumpleaños de don Antonio fue el día elegido. En medio de los tragos María filtró hierbas venenosas. Tenía un plan para cada uno de los 4 Maldonado y algo seguro: sus muertes serían lentas y con el aceite que hirvió por horas.
A las 10 y media de la noche las hierbas empezaron a hacer efecto: los amos tenían la conciencia intacta y músculos que no respondían. Cuando los invitados se fueron a dormir, los Maldonado seguían tomando en el comedor.
A la 1.15 de la madrugada, la esclava agarró los 4 recipientes de aceite que había calentado toda la noche y los fierros con los que los Maldonado torturaban y marcaban a sus esclavos.
-¿Qué hay en esos recipientes? –preguntó don Antonio.
-Justicia –respondió María.
Diego alcanzó a gritarle: “Te volviste loca negra de mierda”.
-Te doy todo el oro que quieras –le dijo Antonio intentando frenar la venganza de aceite hirviendo de la negra.
-No hay oro que me devuelva a mis hijos –retrucó la angoleña.

A Rodrigo lo torturó por 30 minutos con pequeñas gotas de aceite hirviendo; a Diego le dedicó un “mi querido violador y asesino de mis hijos. Tu muerte será lenta”. No hay detalles de lo que hizo con Bernardo.
Faltaba Antonio. Lo hizo presenciar la tortura de sus hijos.
-Esto es Justicia por cada alma africana que usted ha torturado. ¿Cuántas mujeres africanas violó? No eran mercancía, eran personas con familias, nombres… ¿Cuántos niños separó de sus familias?
Su amo confesó todos sus crímenes, delitos, violaciones… pero no alcanzó. María lo ajustició igual tras varias horas de agonía.
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Tras su venganza, María agarró oro y se fue al Puerto. Antes abrió las celdas en las que dormían los otros esclavos y les dijo: “Son libres”.
Partió a Haití. Con el oro que se llevó de la casa de los Maldonado vivió 23 años más.
Su historia trascendió por todo el Caribe y fue un símbolo e inspiración de todos los esclavos que lucharon por su libertad.
Murió a los 51 años. Aseguran que se fue con una frase y su sueño de libertad cumplido:
-Cuami y Kofi: mamá llega.