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marzo 2026

“Una derrota histórica del pueblo que aún no dimensionamos”

(Quién es. Acercándonos a Julio)

Hubo una cara a la luz de todos los argentinos. Hubo otra cara a la sombra de todos los argentinos. Así fueron los años de la dictadura cívico militar ocurrida desde 1976 a 1983.

Julio Ruiz transitó las 2.

La del Mundial 78, la de los desfiles de los días patrios con tanques, armas, uniformes (una sola forma) y abanderados de escuelas, la que hacía propaganda del plan económico de destrucción de la matriz productiva de la Argentina y la que hablaba de “unirnos como hermanos para construir la Argentina que soñamos”, la que le rindió un homenaje popular en vida a Leopoldo Galtieri en abril de 1982

Y la que vivió él desde el 19 de octubre de 1977. La misma que repitió más de una decena de veces en los juicios de Lesa Humanidad:

-Estaba comiendo porque entraba a laburar, estábamos comiendo todos, los pibes (sus 3 hijos de 5 y 3 años y el tercero de algunos pocos meses), y de golpe veo que mi mujer le estaba dando de comer al más chiquito y se queda así, como suspendida. Se abre la puerta y entran. Me pegan un culatazo, me tiran contra la pared y me dicen: “¡Documentos!” Encontraron unos documentos y se volvieron locos. Me empezaron a dar ahí, con un cable de velador, con mi mujer y los chicos adelante. Después me subieron a mi propia camioneta en la parte de atrás, la taparon con algunas cosas y salimos. Habrá sido media hora toda la operación.  A mi mujer la dejaron con los 3 pibes.

 

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(Por los 50. Entre Perón y una casa llena de gente)

Julio cuenta que su militancia empezó con el primer peronismo. Que en esa casa de Ángel Brunel al 200 de Bahía Blanca, en donde vivían unas 11 personas, ya se hablaba de política. Él tenía apenas 6-7 años. Nació en el 48 en Carmen de Patagones. Al año siguiente murió su padre… “entonces mamá hizo la valija y nos vinimos a Bahía, en donde estaba su familia, los Rossi”.

Recuerdo que la formación política que tuvimos los chicos de hogares humildes era muy fuerte. Se hablaba todo el tiempo. Tengo un recuerdo borroso, de estar escuchando en una radio de esas tipo capilla, el último discurso de Evita. Mi mamá lloraba, Evita se estaba muriendo…

Fue a la Escuela 34 de Ángel Brunel y Fitz Roy.

Una escuela nueva, muy buena, con calefacción… una escuela hecha por el peronismo.

En esta recopilación de su infancia en la casa del abuelo herrero que se vino de Chasicó, Julio suelta una frase. Suena a destino ineludible… casi un hado.

Desde muy chico tomé dimensión de la política con el bombardeo a la Plaza de Mayo en 1955. Con mis 7 años me parecía descabellado que en una plaza de la Argentina mataran gente.

 

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(Octubre del 77. Secuestrado)

Me pusieron en medio de lo que yo creí que era un círculo de gente y me empezaron a golpear y a decirme que yo era oficial montonero. Estaban errándole feo. Y yo peor todavía, porque decía ¿esto cómo viene acá? Y viene este que le decían El Tío y dice: este no es, este es otra cosa. Y si es así, no le van a sacar nada. Llévenlo al detector de mentiras. Y era la máquina.  El Tío era Cruciani (suboficial Santiago Cruciani), un tipo muy inteligente, tenía toda mi historia. Un terrible hijo de puta pero muy inteligente.  Él llevaba el interrogatorio, que fundamentalmente  consistía en electroshock. Una vez que te daban en la cabeza después en el resto del cuerpo no sentías.  Te ponían 2 cables pelados y le daban  manija. Cada vez que escuchabas los pasos era un miedo que nunca había sentido en mi vida.  Y además ganas de que la cosa terminara, que te murieras o de que viniera alguien y te llevara a algún otro lado. Ir al baño era otro quilombo, te llevaban, te cagaban a palos. Yo me acuerdo que pasé como 15 días  sin ir. No te daban ganas de ir al baño. A mí me tuvieron colgado de los brazos, esposado atrás. La cruz le decían. Porque es el mismo efecto de la crucifixión, de asfixia, con los brazos atrás para arriba. Te vas ahogando hasta que no podés respirar más. Yo creo que quedé varios días sin poder mover los brazos. Pero zafamos.

 

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(Julio adolescente. Son los 60)

Pasó la secundaria con el peronismo proscripto.

-En la escuela se discutía muchísimo. Yo fui al Nacional, tenía 12 o 13 años. Estaban muy presente Rosas, el tema del nazismo… Se discutía muy fuerte, la Revolución Francesa, se discutía hasta con los profesores.

Y otra vez el destino de aquel bombardeo.

-En esos años se empezó a formar algo. Ya venía toda esta cosa de los Sacerdotes del Tercer Mundo, ya había ocurrido el Cordobazo y yo tenía participación en algunas cuestiones políticas, ligado a la Iglesia. Yo me sentía que era parte de un proceso. Con Onganía tenía 17 años y empecé a percibir lo que era la política en la Argentina. Todo ese conocimiento previo, tumultuoso, hecho de imágenes y de cosas, se fue transformando. Toda mi adolescencia fue una autoformación, de leer diarios y cosas. Era el tipo que más hablaba de política en la barra de amigos, que más se interesaba por lo que estaba pasando, sin entender mucho pero con intenciones de hacer algo. Empezaba a vislumbrar al peronismo como lo que  realmente era, el movimiento popular, la esperanza del pueblo, esta cosa del retorno de Perón, que estaba presente, permanentemente como el retorno  a una vida mejor, de libertad.

 

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(En otro momento del horror. Secuestrado)

-Los tipos (sus secuestradores) eran nacionalistas de derecha. Porque después de la zaranda teníamos conversaciones políticas. Estaban en contra de Videla y en contra de Martínez de Hoz.  Entonces les decíamos, no sé qué estamos haciendo acá. Pero los tipos decían ustedes se mandaron la cagada y en definitiva a mí me pagan por esto. El salto era ese.”Yo soy militar”. “Obedezco”. Estuvimos un tiempo más ahí, 2 o 3 charlas más de esas político ideológicas, no para convencer a nadie sino charlas, simplemente. Un día me sacan del catre y me dicen te vas a bañar. Me afeité  y me dejé el bigote. Vino el Tío y me dice: “Negro, te vamos a sacar de acá. No vas a ser boleta. Te va a juzgar  un Consejo de Guerra pero no vas a ser boleta”. En el Consejo de Guerra había distintas posiciones. Yo pensé que era parte del circo. Y después me di cuenta de que no. Mi abogado defensor era un Teniente de mi edad, 28 años. Me dice “¿cómo te querés defender?” Yo le digo “mirá, yo creo que es una parodia”. “No”, me dice, “no es una parodia”.

 

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(Otra vez el destino de aquel bombardeo del 55)

-Soy creyente. Siempre me acompañó la Virgen del Carmen.

Será por eso que fue de los militantes fundadores de la Juventud Obrera Católica en Bahía Blanca.

Y después comenzó su etapa sindicalista. Fue en Sancor, una de las empresas lecheras emblemáticas de la Argentina.

Los trabajadores de Sancor estaban en Empleados de Comercio y ahí es cuando empiezo a tener actividad sindical. Con otro compañeros dijimos que no, que los trabajadores de Sancor debíamos estar en la Asociación de Trabajadores de la Industria Láctea de la Argentina. Yo dejé de ser supervisor y empecé a ser obrero. Era un pibe de 22 años y era el secretario gremial. Teníamos unos 500 afiliados.

Llega la huelga de Lechería Carlitos: “Un despelote. Fue en el 74 y de alguna forma creo que fue el principio del fin. Fue una huelga que empezó con una asamblea, bien, con la gente, y se fue desvirtuando por la intervención militar de los Montos. Todo el mundo tiraba tiros, fue una cosa de locos. Nosotros le decíamos: “muchachos, paren. Esto es una huelga, ¡no es la tercera guerra mundial!” Y no había caso.  Y terminó como tenía que terminar, se perdió. Una huelga por tiempo indeterminado, con quilombo de por medio”.

Lo echaron de Sancor. Fue a trabajar a la Cervecería Santa Fe: “En aquellos años se conseguía trabajo en 5 días”.

También fue dirigente de Cerveceros. Fue como sindicalista de ese gremio que llegó el secuestro en aquel 19 de octubre de 1976.

 

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(Navidad de 1981. Recupera la libertad)

 -La salida fue dura porque tenía una situación familiar difícil, pero además percibía que era una sociedad que había cambiado. Te encontrás con una realidad muy distinta, mucho más individualista, donde cada cual cuidaba lo suyo, donde había desaparecido ese tejido social solidario, más allá de las organizaciones políticas… La cosa barrial, todo. Eso me llamó la atención. Todo el mundo estaba en la suya.

Igual rescata a sus amigos. Y especialmente a Norma Formento: “El amor de mi vida. Había que bancarse a alguien que había pasado lo que pasé yo… Fue extraordinaria”.

Además de los 3 hijos de su primer matrimonio, Julio tuvo otras 2: una con Norma y “otra del corazón. Los míos, los tuyos, los nuestros, ja, ja ja”.

-(Los amigos) Se portaron bien. Llegaron a hacer un asado cuando salí, y se juntaron 50 personas, en plena dictadura. El peronismo me dio más que amigos, me dio compañeros. Compañeros es una palabra muy grande; es compartir el pan.

Pero como para Julio “la política se termina cuando uno muere” con la vuelta de la democracia él también volvió. Se juntó con Alejandro Larriera, Carlos Ritcher y Eduardo Gómez para empezar a formar algo.

Fue concejal del Polo Social del Padre Farinello y luego se unieron al bloque peronista.

 

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(Julio hoy. 2026)

Julio dice que los cuadros políticos en la Argentina los forman el “PC (Partido Comunista) y la Iglesia”. Él viene de ahí, de la Iglesia.

Por eso, a 2 años de sus 80, es buen momento para seguir escuchándolo:

-Cuando había elecciones libres, el peronismo ganó siempre por muerte en Bahía, hasta el Golpe del 76. Contrariamente a lo que está impuesto en la cabeza de la gente, Bahía no fue una ciudad gorila. Acá el peronismo ganaba por escándalo.

-En Bahía había empresas e industria como la CAP, metalurgias, la Lanera San Blas… y en general los obreros eran peronistas. Los colectivos a la mañana temprano iban llenos de trabajadores. Eso no existió más después del Golpe del 76: lograron su objetivo.

-El 24 de marzo fue una derrota histórica del pueblo argentino que todavía no dimensionamos.