Allá por principios y mediados de los 90, la que había sido Yugoslavia -bajo la conducción de Josip Broz, el Mariscal Tito para todo el mundo- se empezaba a desintegrar.
De esas 6 repúblicas (Serbia, Bosnia y Herzegovina, Montenegro, Croacia, Eslovenia y Macedonia del Norte) 4 buscaban su independencia. Serbia y Montenegro querían seguir siendo Yugoslavia.
Así las cosas, se desató la Guerra de los Balcanes. Además de la tensión política había conflictos étnicos y religiosos: Bosnia musulmana, Serbia católica (ortodoxa).
Un poco de contexto (dejo algunos links con un bonus track sobre una pelea que se inició en el Luna Park de Buenos Aires) para pasar al horror.
¿Cuánto por la cabecita de un nene?
Los serbios sitiaron Sarajevo, la capital de Bosnia. Una ciudad rodeada de colinas: ideal para plantar francotiradores y ejército.
Salir a la calle en Sarajevo entre 1992 y 1996 era exponerse a morir. Desde las colinas te podía venir un disparo aunque no tuvieras nada que ver con nada. Sólo por vivir en esa ciudad. Ir al mercado, al laburo, al colegio… requería una cuidada estrategia de ir escondiéndote cada 2-3 pasos.

La avenida principal de Sarajevo era el blanco preferido. Pasar por ahí era jugarse la vida. Detrás de esa guerra había un negocio perverso.
No se sabe bien si fueron los pagadores o los receptores del dinero los que empezaron con el juego macabro: multimillonarios ponían 100.000 euros por sumarse a los francotiradores oficiales. Su objetivo: asesinar niños.
Para ese placer tomaban aviones privados y eran esperados por limusinas para dirigirse a las colinas. Una vez ahí, sacaban sus rifles de caza y disparaban.
Ya estaban aburridos de pegarles tiros a leones o elefantes en el África. Era más lindo ver cómo caía un nene o un adulto (estos por 80.000 euros). A los viejos los podían cazar gratis pero no era la misma sensación.
Bastante similar a la película Hostel.
Los que hablaron
Pero algunos empezaron a desenmascarar las “escapaditas” de fin de semana de estos hijos de puta.
La investigación arrancó tras la denuncia del fotógrafo y escritor Ezio Gavazzeni.
Durante 2 años recopiló testimonios y documentación que, asegura, demuestran que lo que parecía una leyenda urbana fue real.
-Aunque la investigación vaya mal, aunque en el peor de los casos los italianos que participaron estén muertos, puedo afirmar que estos hechos ocurrieron –dijo Gavazzeni.
Porque claro… hubo algunos que quisieron desmentir que este horror ocurriera.
Otra de las pruebas es el documental “Sarajevo Safari” (2022), del director esloveno Miran Zupanič. Se pueden ver testimonios anónimos sobre estas prácticas. El filme presentó evidencias de que ciudadanos de varios países occidentales —incluidos Italia, Estados Unidos y Rusia— habrían participado en estas cacerías.

Un bombero también brindó pruebas: “Cuando me tocó ayudar a las víctimas vi a gente con armas que disparaban y no tenían ni el armamento ni los uniformes oficiales del ejército serbio”.
Y hasta una madre con un testimonio desgarrador: “Iba por la calle con mi hijo en un carrito y me dispararon”.
En 1995 el diario Corriere della Sera de Italia publicó algo… pero nadie le dio bola.
¿Por qué Italia está tan interesado en el tema? La mayoría de los cazadores de humanos son del norte italiano: millonarios, enrolados en financiar políticos de derecha y ridículamente prestigiosos.
A fines de 2025, una Fiscalía de Milán volvió a poner en vigencia el tema: reabren archivos, revisan documentos y rescatan los testimonios que se puedan 30 años después.
¿Irá alguien en cana? Que se empiecen a conocer nombres sería un montón.
Como en las listas de Epstein: sirve para saber que son un asco. Un asco que le pone precio a la cabeza de un nene bosnio o que le mete el dedo en la vagina a una nena para saber si ya fue “usada”.
